miércoles, 25 de febrero de 2015

Recuerdos (Capítulo I )


Durante aproximadamente un año, el último que cursaba en el antiguo instituto, cada dia, en el tren me encontraba con el mismo hombre. No se que era exactamente, pero sin haber cruzado palabra, es como si nos conociéramos. Apenas intercambiábamos miradas, sentados uno en frente del otro, hasta que el vagón se llenaba y dejaba de ser visible. Para cuando me levanaba para bajar, ya no estaba. Los primeros meses fueron así, silenciosos pero interesantes. Después de aquello, me aventuré a empezar a sentarme a su lado. Cada día, esos 10 minutos a su lado, por alguna razón, me alegraban el dia. Un dia, sin venir a cuento, con unas simples palabras, me sorprendió y a la vez me hizo sonreir. Dijo, solamente ''Buenos días'' Al verme. Mi sonrojo fue imposible de ocultar, por mas que lo intentara, ya que pude ver en su mirada una leve sonrisa de ternura. Supongo que mi rostro aún infantil le recordaría al de sus hijos, que seguramente tendría ya, porque pude ver en su dedo el anillo, y por su apariencia debería tener ya unos trenta-y-muchos. Le contesté con lo mismo, a la vez que me sentaba a su lado. Me fué imposible articular palabra durante el resto del trayecto. Durante las siguientes semanas, fue detallando cosas de su vida, simplemente hipótesis, fijandome en cosas que llevaba o hacía. Poco a poco la conversación empezaba a fluir, pasando de simples saludos a largas charlas, hasta que llegaba a su parada y debía bajarse. El resto del viaje se me hacía eterno.

Los fines de semana, se me hacían largos, aburridos. Empezé a no poder comprender esa sensación. Tenía un especial apego por ese hombre, el cual era casi un desconocido para mi, aunque lo veia cada dia y tenía una agradable charla con él. Me gustaba estar a su lado, me hacía reír y aveces me explicaba cosas que no entendía de las clases, pero.. Que era exactamente ese sentimiento? Era amistad..? Imposible.. Tengo muchos amigos, y nunca había sentido nada similar. Amor, talvez..? Pero nunca me había agradado nadie del mismo sexo.. nunca me había considerado nisiquiera bisexual. Empezaba a confundirme. El tiempo siguió pasando, hasta que el ultimo dia antes de las vacaciones de navidad, decidí darle algún detalle. No tenía mucho dinero, pero si no volvería a verle hasta Enero.. no quería que se olvidara de mi. Me costaba pensar en que podría gustarle a un adulto de su tipo. Nunca me habia dicho que cosas le gustaban, así que era complicado. Tenía poco tiempo para pensar, pero al fin tuve una idea. Al verle ese dia en el tren, como siempre, después de intercambiar saludos y unas cuantas palabras, me decidí a dárselo. Mi sonrojo era grande, estaba seguro, y tenía una tonta sonrisa en los labios. Saqué de mi bolsillo una pequeñe cajita envuelta en papel de regalo y se la di. Le hice prometer que no la abriría hasta navidad. Al final pareció que iba a hacerme caso. La guardó en su maletín y me sonrió, agradeciendomelo. Hizo algo que me pilló totalmente por sorpresa. Un abrazo. No supe como responder, simplemente, me había rodeado con los brazos y pegado a su pecho. Podía oír su respiración y su corazón al latir. Me puse algo nervioso, pero correspondí. Cerré los ojos y me apegué un poco a su cuerpo, rodándole con mis brazos. Pude oir un suave ''Gracias'' proviniente de sus labios. Estaba nervioso, pero a la vez me sentía agusto. Dió un suave beso sobre mi cabello y se apartó con suavidad, tras unos instantes. Le sonreí como pude, entre tanta agitación que trataba de disimular. ''De nada'' Contesté alegremente, con una sonrisa, que sin dudar me devolvió. Hablamos un poco hasta que llegó su parada. Nos despedimos y nos deseamos las mejores navidades. Me costó un poco, pero me forcé para mostrarle una sonrisa. No quería que me recordara triste. Las puertas se cerraron. Pude ovservar a través del cristal su rostro, borrando esa sonrisa conforme el tren arrancaba. Se había quedado a esperar a que me fuera.. Ese día apenas atendí en clase. Tansolo pensaba en él, sus palabras, imaginando la cara que pondría al ver el regalo.. en ese abrazo. Cada vez que recordaba sus cálidos brazos rodeándome, una extraña sensación me recorría. Era como un cosquilleo, agradable. Recorría mi cuerpo y me hacía estremecer.. Quería verle sonreír de nuevo, quería estar con él, pero.. ya no podía. Almenos no hasta que volvieran a empezar las clases. Nunca me había gustado tanto ir a clase. Al volver a casa, mi madre me esperaba con cara de mal humor y pidiendo las notas. Se las entregué y corrí a mi cuarto, dejandola leyéndolas. Poco tardó en llegar, abriendo la puerta de golpe y gritandome lo mal que iba, que si asi seguia me iba a poner un profesor particular y que no volvería a ver la luz del sol. Eso ya no me importaba, a mis amigos los podía ver en clase, ya que siempre habiamos ido al mismo colegio e instituto, y a él.. a él le veía yendo. Mi madre cerró la puerta después de decirme que no saliera hasta mañana. Eso significaba que hoy no habría cena. Suspiré con suavidad y encendí el portátil, metiéndome en la cama. Entré en facebook y conecté el chat. Tenía una petición de amistad. Le di clic y no pude sorprenderme más al ver la imagen de perfil. Era él. Acepté enseguida y fuí a ver si estaba conectado. Sería raro, ya que apenas eran las seis de la tarde, pero talvez hubiera suerte. Busqué entre los mas de cien conectados hasta que le encontré. Mi corazón latió con fuerza, mis sentidos se bloquearon. Tras unos segundos, tragué saliva y me decidía a dar clic, sin embargo, antes de que lo hiciera, una ventanita de chat se me abrió. Miré y vi un simple ''Buenas tardes.. no deberías estar haciendo deberes?'' Miré el nombre y sonreí con suavidad. Era él, sin duda. Le contesté que lo dejaría para más tarde, y una larga conversación inició. Hablamos de todo un poco, de gustos y aficiones, pasatiempos, família.. Efectivamente, como yo había imaginado, estaba casado, y tenía dos hijas, de siete y doce años. Yo le conté que vivía con la bruja de mi madre, que apenas veía a mi padre ya que viajaba mucho con su nueva y rica novia. Me reconfortó con amables palabras, y cerca de las cinco de la mañana, me dijo que mejor me fuera a dormir. Tras remolonear un rato, accedí. Cerré sesión después de despedirme y apagué el portátil. Una tonta sonrisa se mantenía en mis labios. Dejé el ordenador sobre el escritorio y apagué la luz, volviendo a meterme en la cama. Después de todo no se olvidaría de mi. Me costó conciliar el sueño, pero cuando lo hice, dormí de maravilla. Esas navidades iban a ser maravillosas.

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